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Efecto dominó

Como ya os conté en Y perdimos la fe, el Tribunal Constitucional decidió por seis votos a cinco legalizar a Sortu a pesar de las pruebas de las que disponen tanto el TS como las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en las que se corrobora que Sortu no es más que el heredero  de la ilegalizada Batasuna. (brazo político de ETA, así considerado por España y la Unión Europea). El Constitucional, en su escrito, alegó que Sortu debía ser legal ya que en sus estatutos rechazaban la violencia
 terrorista, "aunque esto no sea sincero" Es decir: por un lado tenemos a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que aportan informes, fruto del trabajo diario, y al Tribunal Supremo que constatan la analogía Sortu-Batasuna; y por otro lado, tenemos al maravilloso Tribunal Constitucional, que para lagalizarlos, se pasa por el Arco del Triunfo los informes policiales y judiciales, y se agarra a la palabra de un grupo de personas que siempre ha estado del lado terrorista, ; esto es lo más surrealista e injusto que he visto en mi vida. Pero tal y como dice el título de este artículo, dicha legalización provoca un efecto dominó

¿Qué va a pasar ahora? Pues que bien poco han tardado "los legalizados" en solicitar la inmediata puesta en libertad de Otegui. Y tiene su lógica, porque con la legalización de Batasuna-Sortu, es incongruente mantener en prisión a alguien por haber intentado reorganizar el aparato político de ETA. Lo dejarán en libertad, absolviéndolo de todos los cargos, por lo que podría presentarse a las elecciones autonómicas vascas del próximo año; y no tengáis la más mínima duda de que saldría Lehendakari: la propaganda proetarra y la imagen de mártir que se ha vendido juegan mucho a su favor.

Ese, ni más ni menos, es el efecto dominó. Primero, se legaliza Amaiur, y por lo tanto Sortu también. Con ello, mantener en prisión a Otegi ya no tiene judicialmente sentido, por lo que sería puesto en libertad, se presenta para lehendakari y sale elegido. El final: ETA consigue mandar políticamente en el País Vasco.

Y esta es la realidad, la cruda realidad; una realidad que ha sido bien pensada y que tiene sus responsables; responsables que seguirán durmiendo tan bien como siempre a pesar de haber dado alas y poder a los que durante más de cuarenta años han sembrado las calles españolas de sangre inocente: matando de forma indiscriminada tanto a mujeres, como niños, como a cualquiera que desgraciadamente se encontrara en el lugar donde los asesinos fueran a cometer la barbarie. Allá cada cual con su conciencia, pero esto ya parece que no lo arregla nadie.

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